ISSN 2007-734
Facultad de Psicología
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo
Copyright © 2026 UARICHA
UARICHA, 2026, 24, 1-16
Recibido: 07 de Julio del 2025. Aceptado: 04 de mayo del 2026.
Correspondencia: Octavio Maza Díaz Cortés. Universida Autónoma de Aguascalientes. Av. Universidad # 940, Ciudad Universitaria, C.P. 20100,
Aguascalientes, Ags. México. octaviomazadc@gmail.com
UARICHA, 2026, Vol. 24, pp. 1-16 1
Trabajo'y'deporte:'un'debate'actual.''
Revisión'desde'la'Escuela'de'Frankfurt'
Work and Sport: A current debate.
Review from the Frankfurt School
!
Octavio Martín Maza Díaz Cortés1 https://orcid.org/0000-0002-3991-7751
Pável Ernesto Zavala Medina1 https://orcid.org/0009-0007-1660-158X
1Universidad Autónoma de Aguascalientes
Resumen''
Este artículo examina la relación entre el trabajo, el tiempo
libre y la práctica deportiva en México a partir de una
revisión crítica de los planteamientos de la Escuela de
Frankfurt sobre la administración del mundo. Se sostiene
que la racionalidad capitalista, tal como la conceptualizan
Horkheimer y Adorno, configura subjetivamente a los
trabajadores de manera que el tiempo destinado a la
reproducción de la fuerza de trabajo, incluida la actividad
físico-deportiva, queda subordinado a la lógica productiva
e instrumental. Desde la perspectiva de la Teoría Crítica, la
industria cultural no sólo administra el tiempo libre, sino
que coloniza las disposiciones corporales y las
posibilidades de descanso, convirtiendo el ocio en una
extensión del trabajo mismo. Para contrastar
empíricamente estos planteamientos teóricos, se utilizó la
base de datos del Módulo de Práctica Deportiva y Ejercicio
Físico (MOPRADEF), elaborado por el Instituto Nacional de
Estadística y Geografía (INEGI, 2024). El análisis de los datos
permite identificar que la falta de tiempo directamente
asociada a las cargas laborales es la principal razón que la
población reporta para no realizar actividad físico-
deportiva. Adicionalmente, se observa que las personas
económicamente inactivas, al disponer de mayor tiempo
libre, presentan una mayor propensión a la práctica
deportiva, lo que refuerza la tesis de que la participación
en actividades físicas está estructuralmente condicionada
por la inserción laboral y no sólo por la voluntad individual.
Los resultados evidencian la vigencia explicativa de la
Teoría Crítica para comprender las desigualdades en el
acceso al deporte y al bienestar corporal en las sociedades
contemporáneas.
Palabras clave:
tiempo libre, trabajo, deporte, ocio, Teoría
Crítica, Industria Cultural.
'
Abstract'
This article examines the relationship between work,
leisure time, and sports practice in Mexico through a
critical review of the Frankfurt School’s theoretical
framework on the administration of the world. It is argued
that capitalist rationality, as conceptualized by Horkheimer
and Adorno, subjectively configures workers in such a way
that the time devoted to the reproduction of labor power,
including physical and sports activity, becomes
subordinated to the productive and instrumental logic of
capital. From the perspective of Critical Theory, the culture
industry does not merely administer leisure time; it
colonizes bodily dispositions and the possibilities of rest,
transforming free time into an extension of work itself. To
empirically examine these theoretical claims, the dataset
from the Sports and Physical Exercise Practice Module
(MOPRADEF), produced by Mexico’s National Institute of
Statistics and Geography (INEGI, 2024), was analyzed. The
findings reveal that lack of time directly associated with
workload demands is the primary reason the population
reports for not engaging in physical or sports activity.
Furthermore, economically inactive individuals, who have
greater availability of free time, show a higher propensity
for sports participation, reinforcing the thesis that
engagement in physical activity is structurally conditioned
by labor market insertion rather than by individual will
alone. The results demonstrate the enduring explanatory
power of Critical Theory for understanding inequalities in
access to sport and bodily well-being in contemporary
societies.
Keywords:
leisure time, work, sport, idleness, Critical
Theory, Culture Industry.
Maza Díaz Cortés y Zavala Medina Trabajo y deporte: un debate actual
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Introducción
Esta investigación abre un debate sobre los usos del tiempo libre y las exigencias de la
productividad manifestada, entre otros fenómenos, en la permanente conexión y
disponibilidad de los trabajadores. La idea que está de fondo es que los sujetos quedan
configurados por la racionalidad capitalista, tal como lo plantea la Escuela de Frankfurt, por
lo que las posibilidades de un tiempo libre que permita el descanso y la reproducción de la
fuerza de trabajo quedan afectadas por esta forma de entender el mundo y la estructura en
la que se vive.
La propuesta radica en poner atención a la práctica deportiva como parte del uso del
tiempo libre y en particular del proceso de reproducción de la fuerza de trabajo, lo que
permite observar que la posibilidad de realizar actividades deportivas permite mejores
condiciones de vida e incrementa el bienestar en general, pero es una condición que no se
encuentra al alcance de la mayoría de las personas. La relación entre deporte y trabajo ha
sido ampliamente estudiada en el campo de las ciencias sociales y de la psicología del
deporte. En nuestro propio trabajo sobre las prácticas contemporáneas de correr, se ha
analizado el running como una práctica vinculada con el cuidado de sí y con las motivaciones
subjetivas que llevan a los corredores a participar en maratones, donde predominan razones
asociadas al bienestar, la salud y la mejora personal (Sahagún-Padilla, Villalobos Cárdenas, &
Maza Díaz Cortés, 2025). De forma complementaria, otros estudios han abordado el running
desde una perspectiva psicológica más amplia, señalando que esta práctica también puede
entenderse como una forma de autogestión corporal que se articula con valores
contemporáneos como la autosuperación, la disciplina y la racionalidad emprendedora del
sujeto neoliberal (Cairoli, 2018).
Planteamiento del problema
A poco más de un siglo de su fundación, el Instituto para la Investigación Social, mejor
conocido como la Escuela de Frankfurt, y su propuesta de Teoría Crítica, dan muestra de un
pensamiento adelantado a su época: entre sus escritos se encuentran premoniciones de lo
que autores contemporáneos llamarán la sociedad administrada, una en la que las
emociones, las sensaciones, los pensamientos y, principalmente, el tiempo y las actividades
que realizan están reguladas, prediseñadas, prefiguradas antes de la propia experiencia de
los sujetos (Han, 2016; Honneth, 2009; Marramao, 2006). Si estos sujetos tienen tiempo para
recrearse y descansar es irrelevante: lo que importa es que sean engranajes funcionales
dentro de la maquinaria de la producción (Horkheimer y Adorno, 2006).
En los párrafos siguientes desarrollaremos las cinco formas de administración o
reificación reconocidas por la Teoría Crítica, a saber: el positivismo, como la administración
del pensamiento; la teología, como la administración de la esperanza; el antisemitismo, como
la administración del odio y el racismo; la moral, como la administración del placer y del
cuerpo; y, por último, la industria cultural, como la administración de la sensibilidad y el
tiempo libre. En términos generales “administración”, se refiere a una regulación externa al
sujeto, es decir, que el sujeto atienda a una norma que atenta en contra de su propio
bienestar en vistas a un fin ulterior (Horkheimer y Adorno, 2006).
La primera forma de administración que encuentra y analiza la Teoría Crítica es el
positivismo, en particular el positivismo lógico, que, en tanto que filosofía y epistemología,
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defiende que el conocimiento verdadero sólo es aquél que puede ser contrastado con los
hechos, verificado por medio de los sentidos. A través del análisis lógico del lenguaje, el
positivismo pretende eliminar por completo las discusiones metafísicas, suprimiendo así el
pensamiento especulativo y limitando la imaginación.
La segunda, es la pretensión de que la investigación científica tiene que ser realizada
bajo los principios de neutralidad y objetividad, para que pueda así alcanzar la universalidad
propia de la ciencia. Estos principios impiden que el investigador emita juicios de valor acerca
del objeto investigado.
De esta forma, la única función que puede desempeñar el investigador es la de
contemplar la realidad desde la distancia, sin poder comprometerse con su cambio o su
transformación, permitiendo que se perpetúen las injusticias sociales y las estructuras de
opresión y explotación. De acuerdo con Horkheimer (2006), una ciencia, o teoría, que
constriñe su tarea a la mera observación sin la intención de transformarla, sólo puede ser
considerada como una teoría tradicional, en oposición a la cual se define la teoría crítica,
como una en la cual el investigador está comprometido con la transformación de la realidad
social.
La teología, sería la tercera, y representa una forma de administración aún más
severa, pues lo que hace es transformar los impulsos revolucionarios vertidos en la religión,
y adaptarlos al status quo imperante, de tal manera que pierden su momento transformador
y se convierte en una herramienta para legitimar el sistema y sus injusticias. Según
Horkheimer (2000), la religión es el receptáculo en el que los individuos oprimidos vierten sus
anhelos de justicia, sus esperanzas de que el mal padecido en el mundo les será resarcido.
Y la religión debería tener el compromiso de poner en marcha un movimiento revolucionario
y emancipatorio para cumplir esas esperanzas y anhelos.
Este es el momento de verdad de la religión, cuando se muestra como una
manifestación de necesidades mundanas y el deseo de satisfacerlas. Ese momento de verdad
puede verse fácilmente traicionado. Cuando la religión reprime las expresiones de
descontento y de revolución, cuando transforma los anhelos de justicia en este mundo en la
esperanza de bienaventuranza en una vida ultraterrena, es entonces cuando la religión
traiciona su momento de verdad. En todo caso, la teología, más que la religión, se encarga de
administrar la esperanza de una vida mejor, de reprimir el anhelo de justicia y su eminente
impulso revolucionario (Horkheimer, 2000).
Para Horkheimer, el progreso es sinónimo de racionalización, o instrumentalización,
del pensamiento, por lo que la religión, sus conceptos y su forma de vida, se convierte en una
manera de oponerse a ese orden, de criticarlo e incluso de desafiarlo:
“En la medida en que el progreso va procediendo a ordenar la vida más estrictamente, a regular el
comportamiento y a sustituir la fantasía por un proceder sistemático y los afectos positivos por
reacciones seguras y los sentimientos por ratio, el alma se convierte, por así decir,
retrospectivamente, en un concepto enfático, en el polo opuesto a la frialdad técnica y, finalmente,
en el sujeto formado para la adhesión y el conformismo. La ratio desgajada de las emociones
experimenta un cambio y se convierte en la contrapartida del ánima” (Horkheimer, 2005, p. 56).
Por supuesto, esta oposición sólo es posible si la religión no traiciona su momento de
verdad, si se mantiene fiel al anhelo de justicia expresado por las víctimas de la historia, los
grupos oprimidos y sacrificados en nombre del progreso mismo. El problema es que la
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religión siempre corre el peligro de convertirse en un medio al servicio de las clases
dominantes.
La cuarta es el antisemitismo, catalogado por los teóricos críticos como una forma de
regular las pulsiones de muerte propias del ser humano, enfocándolas en un solo objetivo y
coordinándolas en un mismo esfuerzo. Horkheimer y sus colegas frankfurtianos vivieron el
apogeo del antisemitismo fomentado por el partido nazi, por lo que pudieron observar de
primera mano el proceso por el cual se deshumaniza a un grupo, y la eficiencia con la que es
exterminado. A diferencia de otros análisis sobre el exterminio realizado por el partido Nazi,
los teóricos críticos no consideran que éste haya sido resultado de una pulsión irracional o
de la naturaleza irracional del ser humano, sino que fue resultado de la propia razón: el
exterminio era la conclusión inevitable del racionalismo imperante en la cultura occidental
(Gandler, 2009. pp. 85-106).
Horkheimer y Adorno (2006) sostienen que el proceso de racionalización del
pensamiento, al cual corresponde también el nombre de Ilustración, es uno que ha
acompañado a la cultura occidental desde sus inicios. La característica principal de este
proceso de racionalización es la jerarquización y la catalogación de lo existente bajo
conceptos abstractos, que determinan su valor dentro del sistema. Si los seres humanos no
entran en ningún concepto, si no pueden ser catalogados o jerarquizados, es decir, si son
ajenos al sistema, entonces son suprimidos, eliminados. En tanto que son el otro, carecen de
la identidad proporcionada por la racionalidad del sistema, y por ello tienen que ser
liquidados.
Estas consideraciones sobre el antisemitismo pueden ser atribuidas a cualquier
forma de ideología racista o supremacista, en tanto que consideran que un grupo es más
civilizado que los demás y, por lo mismo, tiene el derecho de conquistar y dominar a aquellos
que considera inferiores, dando salida así a los instintos violentos, evitando que los seres
civilizados se conviertan en los bárbaros a los que están sometiendo (Horkheimer y Adorno,
2006).
Las otras dos formas de administración se desarrollarán con mayor profundidad en
los siguientes apartados, ya que son centrales para el desarrollo de nuestros planteamientos.
La idea de que la moral, sus valores y sus juicios, pertenezcan no a la totalidad de una
comunidad sino a un grupo concreto, aquél que ocupa la posición de poder, aquél que puede
ser considerado como el grupo hegemónico, es parte de la herencia marxista conservada en
la Teoría Crítica, que asumirá que la moral forma parte de los mecanismos ideológicos por
medio de los cuales un grupo domina a otro:
“La moral, la religión, la metafísica y cualquier otra ideología y las formas de conciencia que a ellas
corresponden pierden, así, la apariencia de su propia sustantividad. No tienen su propia historia ni
su propio desarrollo, sino que los hombres que desarrollan su producción material y su intercambio
material cambian también, al cambiar esta realidad, su pensamiento y los productos de su
pensamiento” (Engels y Marx, 2015, p. 21).
Horkheimer va a destacar dos puntos importantes con respecto a la moral: en primer
lugar, que ésta no puede tener su fundamento en la razón, o mejor dicho, que la razón no
distingue entre moralidad e inmoralidad, entre bien y mal; en segundo lugar, que el objetivo
de la moral es gobernar al cuerpo, sea el propio o el ajeno.
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Para entender el primer punto es necesario explicar la distinción que hace
Horkheimer, en Crítica de la razón instrumental (2002), entre razón objetiva y razón subjetiva:
la primera puede definirse como el orden inherente a la realidad, como la racionalidad
inmanente al mundo; la segunda, como la capacidad del individuo para calcular los medios
más eficientes para alcanzar ciertos fines. Estas dos concepciones de la razón no son, de
suyo, opuestas o excluyentes, antes bien, son complementarias: el orden racional del mundo
establece los fines u objetivos que el individuo ha de alcanzar; la segunda, en tanto que
capacidad del sujeto, le permite calcular los mejores medios para alcanzar esos fines. La
relación entre ambos permite que los individuos desarrollen un determinado
comportamiento teórico o práctico, haciendo patente la organicidad que existe entre ellos y
el mundo.
“De este modo, pues, el concepto de razón objetiva muestra, por una parte, como esencia propia,
una estructura inherente a la realidad, que requiere, llevada por su propia lógica, en cada caso
determinado, un modo de comportamiento teórico o práctico… el concepto de razón objetiva
puede caracterizar precisamente este esfuerzo y capacidad de reflejar un orden objetivo
semejante” (Horkheimer, 2002, p.51).
La relación de complementación y equilibrio entre ambos tipos de razón, valga decir
también racionalidad, fue una constante a lo largo de la historia de la humanidad, hasta la
irrupción de la Ilustración, cuyo objetivo programático consistía en emancipar a los seres
humanos de las ataduras del miedo y la superstición, y convertirlos así en señores y amos
(Horkheimer y Adorno, 2006).
Es la Ilustración, que Horkheimer y Adorno van a identificar con el desarrollo del
pensamiento occidental mismo, la que lleva a que la razón subjetiva se imponga al orden del
mundo, con lo que el único tipo de racionalidad aceptable es la del dominio: del ser humano
sobre la naturaleza, del ser humano sobre otros seres humanos, y del ser humano sobre
mismo. La ciencia y la técnica logran el dominio sobre la naturaleza, mientras que la política
representa el dominio de unos sobre otros y la moral el dominio sobre uno mismo. De
acuerdo con Horkheimer y Adorno, el supuesto de la filosofía moderna es que la razón puede
ser un fundamento válido para la moral, en oposición a la religión y la tradición (2006, p.133).
La razón puede jugar el papel de causa eficiente tanto para acciones buenas como
malas, pero la mayor parte del tiempo su neutralidad se traduce en un quietismo, en un
paroxismo moral que permite que sean otros factores, como los instintos, los que tomen el
control de las acciones. El mayor de estos instintos es el principio de autoconservación del
sujeto: este constituye el único “fin” válido para la razón subjetiva, y es el que se traduce en
el principio que le permite al ser humano justificar sus acciones y su dominio sobre la
naturaleza, sobre sus semejantes y sobre sí mismo.
Odiseo, el héroe griego del poema homérico, representa, simbólicamente, la
conformación del sujeto ilustrado que domina a la naturaleza: para sobrevivir, Odiseo no
recurre a la fuerza física, sino a la astucia, una forma de cálculo racional a través del cual
puede dominar a la naturaleza a través del sacrificio de mismo; sobrevive arriesgando su
propia vida, infligiendo daño a mismo, mutilándose y alejándose de la naturaleza y sus
placeres. Cada uno de los monstruos mitológicos a los que se enfrenta, representan una
amenaza a la forma de vida ilustrada, una recaída en la naturaleza a la que se supone tiene
que dominar.
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La moralidad de Odiseo, que no es otra que la propia moral del pensamiento
ilustrado, parte del supuesto de que la felicidad no se identifica con los placeres
momentáneos, ni con la satisfacción de las pulsiones o los instintos naturales, sino con la
represión de esos impulsos. Esto queda ejemplificado con el encuentro entre Odiseo y Circe,
que simboliza la amenaza de recaer en la naturaleza de dos formas diferentes: en primer
lugar, por su condición de hechicera; en segundo lugar, por su condición de mujer. Como
hechicera, Circe representa el poder de la magia, en la que predomina la mímesis, la imitación
de la naturaleza y que, precisamente por ello, puede llevar al sujeto a volver a su condición
natural, pues, como explican Adorno y Horkheimer:
“Circe remite de nuevo al estadio propiamente mágico. La magia desintegra al mismo, que
cae nuevamente en su poder y es reducido de ese modo a una especie biológica anterior. La
violencia que lo disuelve es, una vez más, la del olvido” (Horkheimer y Adorno, 2006, p.119).
Circe encarna la concupiscencia, el deseo sexual y la posibilidad de satisfacer los
instintos eróticos reprimidos. Circe ofrece sus servicios a los viajeros, pero en cuanto
éstos se disponen a gozar de los placeres caen bajo su hechizo y terminan convertidos
en animales salvajes que vagabundean sumisos por la isla de la hetaira: con ello queda
establecido el principio según el cual los hombres que no son capaces de frenar y
controlar sus pulsiones sexuales recaen al nivel de los animales (Horkheimer y Adorno,
2006, p.120).
La esencia del , del “sujeto”, es que sólo puede conformarse como tal
reprimiendo los instintos y mediando su satisfacción. Aquellos que se entregan a los
instintos y los placeres, a la promesa de Circe, caen bajo su hechizo y vuelven a su
condición de ser natural. Para huir de ese destino, Odiseo, previamente advertido por
Hermes, rechaza su oferta y amenaza con darle muerte, a lo que ella responde en tono
conciliatorio, entregándose a él: Odiseo pudo escapar del derecho de Circe encontrando
la excepción, y puede disfrutar de los placeres de la hetaira en la medida en que
previamente ha renunciado a ellos, es decir, en la medida en que se ha afirmado como
mismo. Pero con ello también afirma su distanciamiento con la naturaleza, su condición
de sujeto abstracto (Horkheimer y Adorno, 2006, pp. 119-128).
La moralidad es, después de lo dicho anteriormente, una forma de administración
del placer y el cuerpo, reprimiendo los impulsos naturales y aplazando su satisfacción, lo
que implica que el individuo, el sujeto, se hace daño a mismo. A esta administración del
placer y del cuerpo hay que sumar una quinta forma de control: la del tiempo libre, que
se logra a través de la Industria Cultural.
La Industria Cultural: las masas y la administración del tiempo libre
La Industria Cultural abarca tres aspectos: la pseudocultura, la aceptación de la violencia, y el
castigo del ocio; la primera es resultado de la masificación de las obras artísticas, con lo que
quedan marcadas por el rasgo de la semejanza: el cine, las revistas, la radio emiten el mismo
tipo de mensajes estandarizados, formando un sistema en el cual los seres humanos van
perdiendo su individualidad, al mismo tiempo que la ensalza como la máxima virtud
(Horkheimer y Adorno, 2006; Pineda Cachero y Fernández Gómez, 2016). Esto lleva a una
devaluación del sujeto mismo, que se caracteriza por la ausencia de una sensibilidad propia,
una sensibilidad que el sistema de mensajes manipula para que acepte la violencia y el
sufrimiento como parte de la realidad.
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En tanto que extensión del sistema capitalista, el de la Industria Cultural ordena y
configura las actividades de cada uno de sus miembros como si fuesen parte de una inmensa
maquinaria, ordenando tanto el trabajo como el tiempo libre:
“Durante el tiempo libre el trabajador debe orientarse según la unidad de producción. La tarea
que el esquematismo kantiano esperaba aún de los sujetos, a saber, la de referir por anticipado
la multiplicidad sensible a los conceptos fundamentales, le es quitada al sujeto por la industria.
Ésta lleva a cabo el esquematismo como primer servicio al cliente” (Horkheimer y Adorno, 2006,
p.169).
De tal forma que se hace un hincapié constante en la importancia de la diversión, y se
gastan ingentes cantidades de recursos en crear y mantener una industria dedicada
exclusivamente a ella: mediante la diversión se terminan de dominar y controlar aquellos
impulsos que pudieran contravenir al sistema, que pudieran hacer peligrar sus intereses o
su estructura, que pudieran significar una crítica a sus objetivos o sus principios, pues la
diversión es la forma para terminar de aniquilar al pensamiento mismo:
“Divertirse significa siempre que no hay que pensar, que hay que olvidar el dolor, incluso allí
donde se muestra. La impotencia está en su base... La liberación que promete la diversión es
liberación del pensamiento en cuanto negación” (Horkheimer y Adorno, 2006, p.189).
La industria cultural promueve la diversión ya no como una huida de la realidad y
su dolor, sino como una huida de afirmación de que hay dolor y mal en ella. La industria
cultural se encarga de dominar y controlar todo aquello que incluso pueda ir en su contra,
no sólo al pensamiento negativo, al disidente, sino incluso aquello que cae fuera de ella,
fuera de lo controlable, como lo son la naturaleza y el azar: la primera es absorbida por
la industria, el segundo es planificado.
La planificación del azar parte de que los hombres son, en esencia, iguales, es
decir, que sus vidas y sus características personales se han vuelto parte de un estándar,
el que la propia industria cultural promovió, lo que los hace sustituibles, como las piezas
de una máquina que son producidas en serie: el ideal ilustrado de la igualdad entre los
hombres muestra su lado negativo, su dialéctica. Cabe aclarar que no es el azar mismo
lo que se planifica, sino la idea de que éste existe y que gobierna las vidas de los seres
humanos, la cual es introducida o exaltada cuando la creencia en tal sea necesaria para
la subsistencia del sistema.
Al repetir una y otra vez la misma serie de estímulos, de imágenes y de sonidos, la
industria cultural controla incluso el material mismo del pensamiento, impidiendo hacer un
verdadero trabajo crítico, pues ya nada escapa a ella, ni siquiera lo que, en principio, se
opondría a ella, dígase la naturaleza y los instintos, pues ella, fiel al credo de la economía de
mercado, controla los instintos, lo que significa que también inculca la condición que permite
soportar la vida tal cual es (Horkheimer y Adorno, 2006).
La industria cultural dosifica de tal modo las experiencias y las percepciones de los
individuos, prefigura su forma de actuar, así como controla y censura de tal modo su
pensamiento, que la única alternativa que le queda al individuo es aceptar lo que le es dado
por ella, incluso los paliativos que ofrece a la realidad y su injusticia, que la industria perpetúa,
que se reduce al olvido momentáneo del mal sico, a la posibilidad de tomar conciencia de
la injusta realidad y aboliendo la posibilidad de oponer una verdadera resistencia por medio
del pensamiento negativo.
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También manifiesta que el sistema de control de la economía de mercado y de
consumo es eficiente y sutil; por lo que resulta más difícil de reconocer y remediar, sobre
todo, si se toma en cuenta que la versión negativa del pensamiento ha sido aniquilada o
reintegrada al sistema como un momento de distracción, una manifestación controlada de
insatisfacción, de tal manera que el sistema sigue su marcha, con un control aún más
eficiente y sutil que antes. La eficiencia de la industria cultural se hace patente en el hecho
de que la actual economía de mercado, a diferencia de otras épocas, puede prescindir de las
masas trabajadoras, haciendo parecer que ellas son las que necesitan del sistema y sus
dirigentes.
La industria cultural asimila ese sufrimiento como sano, lo mira de frente con todo su
honor empresarial sin negarlo, admitiéndolo mientras conserva la compostura, la cual se
convierte en el pathos de la industria cultural: la vida tiene que aceptarse como es, dura, pero
por ello mismo también es maravillosa. El sistema no elimina el sufrimiento de los miembros
de la sociedad, antes bien, lo registra y lo planifica, y lo mismo hace con la tragedia: la industria
cultural la absorbe como sustancia para poder mantenerse fiel a su postulado de reproducir
exactamente el fenómeno, lo que la pura diversión no puede lograr. Al ser reducida a un
momento predicho y consagrado del mundo, la tragedia se convierte en bendición de este
último. La tragedia adquiere la función de proteger a la industria cultural de la acusación de
que no se toma en serio la verdad, mientras se la apropia con lamentaciones cínicas, además
de hacer interesante el aburrimiento de la felicidad censurada y lo pone al alcance de todos,
al tiempo que les ofrece el consuelo de que aún es posible el destino humano fuerte y
auténtico, alejado del sufrimiento de la realidad, y de que su representación incondicionada
resulta inevitable.
Método
La propuesta de investigación parte de las bases teóricas anteriores y está enfocada en
problematizar el uso del tiempo pues el proceso de dominio se traduce en condiciones
laborales que generan una carencia de tiempo para el desarrollo de las labores de
reproducción de la fuerza de trabajo, esto sin entrar a la reflexión de que las formas que
adquiere la práctica deportiva son también parte de la industria cultural.
Epistemológicamente esta investigación se ubica en la tradición Zemelmaniana en la
que se da prioridad a los sujetos y su constitución en una realidad histórica en movimiento,
donde estos se configuran permanentemente y se transforman para actuar en condiciones
que no eligieron, lo que nos permite asumir la existencia de sujetos que son creadores de
realidades, o en su caso procesos, que podrían dar lugar a la emergencia de nuevas
posibilidades (Zemelman, 1987, 1996).
Para la comprensión del objeto se ha propuesto una metodología que parte de los
planteamientos teóricos para posteriormente ilustrar y explicar a partir del análisis de la base
de datos del Módulo de Práctica Deportiva y Ejercicio Físico (MOPRADEF), encuesta realizada
en México por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2024). Esta encuesta permite
analizar variables que nos den cuenta de la relación que existe entre el tiempo libre y el
trabajo, mediante variables como el grupo etario, la condición económica, los motivos para
realizar o no realizar la actividad física, así como para abandonar la práctica deportiva,
además de la suficiencia con la que se lleva a cabo dicha actividad.
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En este sentido, se analiza el uso del tiempo con relación a la clase social, el género y
la generación para describir la forma en la que los sujetos se configuran en un discurso de la
productividad y, por lo tanto, hasta los espacios fuera del trabajo quedan relacionados al
mismo, dando cuenta de un predominio absoluto de la racionalidad productiva, tal como se
presenta en el apartado teórico que precede este documento.
Resultados y Discusión
Un tema que parece un acuerdo general, pero se refiere a la manera en la que el ejercicio
mejora las condiciones de vida y aumenta la expectativa de vida. Por ejemplo, se observó que
en la pandemia de COVID 19 la práctica deportiva era un factor determinante para mejores
resultados frente a la enfermedad. En términos generales la actividad física moderada
permite mejorar la concentración, reduce riesgos de enfermedades como la diabetes o
cardiopatías (Vargas-Ortiz, 2025).
La práctica deportiva es un factor que promueve la salud y la calidad de vida y al
tiempo que es parte del proceso de racionalización instrumental. Un estudio de la
Universidad Hebrea de Jerusalén, con 1,861 personas entre 70 y 88 años, mostró menor
mortalidad en quienes hacían al menos cuatro horas semanales de ejercicio (Reyes y
Campos-Uscanga, 2021). Otro estudio con datos de la Encuesta Nacional sobre Salud y
Envejecimiento en México (ENASEM) (2001-2003) analizó una submuestra de 6,020
mexicanos de 60 años o más, encontrando que el exceso de peso contribuye
significativamente a la mortalidad (INEGI, 2023).
Uno de los primeros aspectos derivados del análisis de los resultados del Módulo de
la Práctica Deportiva y Ejercicio Físico (MOPRADEF) es establecer el número de personas que
realizan actividad deportiva de forma suficiente, de acuerdo con los criterios definidos por el
INEGI (2024) con base en los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La
suficiencia implica una actividad que contribuya al mejoramiento de las funciones
cardiorrespiratorias y musculares, la salud ósea, y la reducción del riesgo de enfermedades
no transmisibles y depresión.
A partir de estos criterios, el INEGI delimita la suficiencia de la actividad física para las
características que hacen a la población mexicana, haciendo énfasis en que se trata
exclusivamente de actividades realizadas durante el tiempo libre y cuya finalidad está
claramente vinculada al bienestar en salud.
Cabe señalar que el análisis permite identificar un patrón significativo: las personas
refieren no contar con tiempo suficiente para realizar actividades deportivas, a pesar de que
estas se reconocen como benéficas y la relación entre falta de tiempo y ausencia de ejercicio
será retomada con mayor hincapié más adelante para profundizar en su vínculo con la
estructura temporal y productiva de las personas.
Para avanzar en esta tesis, es necesario observar cómo se comporta actualmente la
práctica físico-deportiva en la población observada. Según el MOPRADEF (INEGI, 2024), el
41.1% de la población de 18 años y más, en zonas urbanas reportó realizar actividad física
en su tiempo libre. Al desglosar por sexo, se observa que el 36.8% de las mujeres y el 46.0%
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de los hombres participaron en alguna actividad sico-deportiva. De ese total físicamente
activo (41.1%), el 64.2 % lo hizo en un nivel considerado por el INEGI como suficiente.
Al desagregar los datos por grupo de edad, se observa que los mayores niveles de
práctica físico-deportiva se concentran en personas entre los 25 y 45 años, donde, en
promedio, el 69.28% declaró haber realizado prácticas físico-deportivas por lo menos una
vez en su vida (véase Figura 1). No obstante, también es posible identificar que las personas
que no están económicamente activas, al disponer de mayor tiempo libre, muestran una
mayor propensión a involucrarse en este tipo de prácticas.
Figura 1
Condición económica por grupos de edad y experiencia en la práctica físico-deportiva
Nota: elaboración propia a partir de los datos estadísticos del Módulo de Práctica Deportiva y Ejercicio Físico
(2025).
Lo que sugiere que la participación en actividades sicas podría estar determinada
por el uso del tiempo disponible, y no exclusivamente por la voluntad individual. En términos
económicos, la no participación en el mercado laboral se asocia con una menor restricción
temporal, lo cual puede facilitar la inclusión de actividades recreativas y de autocuidado como
el ejercicio.
Respecto a las personas que nunca han practicado ejercicio físico, poco más de la
mitad de los encuestados, también mencionaron como principal razón la falta de tiempo. A
tal argumento se suman otros factores específicos como el cansancio relacionado con el
trabajo y la pereza, que en conjunto representan poco más del 30% de las respuestas, para
este punto, como o veremos más adelante, se sigue reforzando la hipótesis de que la carga
de trabajo y las jornadas extendidas limitan las posibilidades reales de mantener una rutina
activa (véase Figura 2).
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Figura 2
Motivos para no realizar práctica físico-deportiva
Nota: elaboración propia a partir de los datos estadísticos del Módulo de Práctica Deportiva y Ejercicio Físico
(2025).
Por otro lado, si nos concentramos en la población que ha practicado ejercicio físico,
el 41.1 %, y la analizamos por grupo de edad, se advierte una mayor concentración en de
éste en personas jóvenes, particularmente entre los 18 y 35 años (véase Figura 3). De nueva
cuenta, se observa el patrón según el cual quienes no se encuentran económicamente
activos tienen más probabilidades de realizar actividad física en un nivel suficiente, lo que
apunta de manera directa a una correlación entre situación laboral y disponibilidad de
tiempo para el autocuidado.
Figura 3
Condición económica por grupos de edad y suficiencia en la práctica físico-deportiva
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Nota: elaboración propia a partir de los datos estadísticos del Módulo de Práctica Deportiva y Ejercicio Físico
(2025).
En cuanto a las razones que motivan la práctica físico-deportiva, la mayoría de las
personas encuestadas señalaron como motivo principal el deseo de "verse mejor" (véase
Figura 4). Tal dato no es menor, pues plantea un punto de discusión teórico relevante, ya que
la motivación estética supera a la relacionada con la salud, desplazándose como argumento
central, este resultado permite cuestionar los marcos sociales y culturales que estructuran la
práctica del deporte dentro de los procesos de racionalización.
Figura 4
Motivo de práctica físico-deportiva según suficiencia
Nota: elaboración propia a partir de los datos estadísticos del Módulo de Práctica Deportiva y Ejercicio Físico
(2025).
Por otro lado, entre quienes no realizan actividad física suficiente, la motivación
principal fue la diversión, lo cual también posiciona el ejercicio físico dentro del ámbito del
entretenimiento y no necesariamente como una práctica orientada a la mejora de la salud o
al rendimiento físico. De hecho, en cuanto al uso explícito del tiempo en las prácticas físico-
deportivas por parte de las personas que las hacen, es fácil observar que aquellas que
realizaron ejercicio de forma constante reportaron dedicar en promedio 5.3 horas
semanales, lo cual equivale a aproximadamente a apenas 47 minutos diarios si se incluyen
sábados y domingos.
Finalmente, al analizar las razones por las cuales se abandona la práctica físico-
deportiva, destaca de manera predominante la falta de tiempo (véase Figura 5), y este dato
se relaciona directamente con la hipótesis planteada al inicio del estudio: la práctica del
ejercicio se encuentra mediada por una estructura de uso del tiempo y por la racionalidad
sistémica que prioriza otras actividades, muchas de ellas ligadas a la exigencia laboral o al
cumplimiento de tareas reproductivas.
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Figura 5
Razón principal de abandono de la práctica físico-deportiva
Nota: elaboración propia a partir de los datos estadísticos del Módulo de Práctica Deportiva y Ejercicio Físico
(2025).
Conclusión
En el contexto del debate legislativo en México sobre la reducción de la jornada laboral a 40
horas, se hace evidente la necesidad de analizar las configuraciones del uso del tiempo libre
no solo como una cifra estadística, sino como un territorio en disputa donde se dirime la
autonomía del sujeto. El presente artículo examinó esta problemática centrándose en la
tensión entre la práctica deportiva y el entorno laboral, revelando que el deporte, lejos de ser
un espacio de libertad absoluta, opera bajo la sombra de la racionalidad productiva.
Las evidencias presentadas sugieren que las condiciones de trabajo actuales
imponen jornadas que imposibilitan tanto la reposición de energías como el cuidado de la
salud, lo que genera un ciclo de deterioro físico y mental. Este fenómeno se hace tangible en
el dato de que el 57% de los encuestados señala la "falta de tiempo" como el principal
obstáculo para el ejercicio, lo que confirma la tesis de la "sociedad administrada": el tiempo
libre ha sido absorbido por la estructura productiva, dejando al sujeto con un ocio que es
insuficiente para la vida.
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El argumento de la productividad resulta estratégico en la esfera pública para
visibilizar el tema, al respecto, Neffa (2019) señala que incluso organismos internacionales,
como la Unión Europea, reconocen que los trabajadores con mejores condiciones de vida
son más productivos y creativos. Sin embargo, desde la Teoría Crítica (Horkheimer y Adorno,
2006), debemos mirar con sospecha la idea de que los trabajadores con mejores condiciones
de vida son "más productivos"; este enfoque corre el riesgo de reducir la salud y el deporte
a un simple mantenimiento de la "maquinaria" humana, perpetuando la visión del individuo
como un engranaje funcional. Resulta paradójico que persistan estructuras laborales que
privan al individuo del tiempo necesario para su propia reproducción biográfica y social.
La revisión presentada en las primeras páginas de este artículo da un panorama
global del proceso de racionalización del mundo que lleva a una administración de la vida y
sus pulsiones. Los resultados del MOPRADEF (INEGI, 2024) sobre la motivación estética de
"verse mejor" por encima de la salud, son una prueba empírica de la "administración del
cuerpo" y la moralidad del sujeto ilustrado: el individuo se ejercita no por placer, sino para
cumplir con un estándar externo de eficiencia y autopresentación (Horkheimer y Adorno,
2006). Esto lleva a que la existencia esté referida a la productividad y al control de la vida, los
ritmos y los tiempos, destruyendo espacios para el pensar y el ser diferente.
Finalmente, la contradicción detectada entre el deseo de realizar deporte y la
imposibilidad material de hacerlo por falta de tiempo no es un fallo del sistema, sino una
característica del "capitalismo caníbal" (Fraser, 2023). La carencia de tiempo para los espacios
de reproducción de la fuerza de trabajo, como apunta Fraser, señala una crisis donde el
sistema devora las bases sociales y biológicas que lo sostienen.
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